IGUALES.

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Uno, que ha visto junto a su abuelo el entierro de Franco por la tele, en blanco y negro, como por entonces era España, recuerda cual acontecimiento miedoso de aquella fecha, grabado en la retina como uno de los más grandes de su vida. No es que por aquella fecha la conciencia precoz de un niño de seis años, pudiera avivar efectos contra nada. Lo que en verdad prevalece de aquella imagen en mis recuerdos, es la mirada de mi abuelo. Su falta de pestañeo y fijación en lo que la enorme televisión emitía y su rostro de una preocupación extraordinaria, translucían un elevado número de emociones que solo con el tiempo he llegado a comprender. La vida de mi abuelo, con su madurez en plena guerra y postguerra civil, se resumía en el miedo que le atenazaba, mientras veía desfilar el ataúd de alguien que tanto influyera en la vida de toda su familia y en la suya propia.

Desde aquel mes de noviembre de 1975 hasta este enero de 2016, esta España no la conoce casi nadie. En su afortunada andadura, hemos ganado hasta un mundial de futbol (!), hecho que ya dice mucho de nuestra evolución. Disfrutamos de una Democracia que nos acoge a todos, incluso a los que pretenden aprovecharse de ella para desvincularse. Hemos tenido una mejor o peor transición, que nos ha llevado a este punto, en el que nos disponemos a gobernarnos apoyándonos unos con otros por mandato de las urnas. Hemos terminado con el terrorismo y hemos recortado, no del todo, la diferencia que nos separa del norte de Europa.
En definitiva, muchas cosas que hacen de España una nación capaz de todo lo bueno y de todo lo malo. De lo malo sobre todo.
El español, que tuvo que resetearse con aquel ataúd, aún no es el verdadero sistema de garantías que a estas alturas nos merecemos. Me vino esta idea a la mente, justo ayer, cuando veía en televisión, a la hermana de nuestro Rey, sentada ante un Tribunal, para ser juzgada por delitos contra Hacienda. O sea, contra todos, a pesar de lo que diga una abogada del Estado que allí la defendía.

Es el más claro ejemplo de lo que digo en cuanto a nuestra evolución, que nos ha traído en cuarenta años, a ver a toda una infanta juzgada, junto a su marido, por graves delitos de corrupción e impuestos, al mismo tiempo que los garantes de la justicia que nos representan, buscan la inocencia de la “hermana real”, maniobrando de manera muy complicada de ser entendida, contradiciendo su verdadera labor.
Cuando en realidad superemos las castas y comprendamos que nadie es más que nadie y que Hacienda si somos todos, habremos cerrado el círculo. Eso sí, por el camino deben quedarse otro tipo de ataúdes, por muy perplejos que nos quedemos.

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