De la impotencia a la prepotencia.

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No hay mejor manera de describir el dominio Atletico en los últimos “derbis” madrileños que la salida de pata de Cristiano al termino de la ultima victoria rojiblanca en la finca madridista.

El portugués, hombre dado a la auto complacencia, suele tener esas salidas de banco que todo divo tiene la necesidad de contener.
Es Ronaldo, aparte de uno de los mejores jugadores del momento, profesional desde que se levanta hasta que se acuesta, e incluso dormido, sus intereses como profesional seguirán moviéndose en inversiones y ganancias.
Es Cristiano ese tipo de negociante que sabe que la fama es tan efímera que solo le debe durar hasta que su cuenta siga teniendo números azules de ingresos por publicidad deportiva, inversiones personales y ganancias de sus contratos, cosa que en nuestro conocimiento está que ese tiempo será largo.

Todo eso, debe hacerle llegar a la necesidad o mas bien a la obligación de mantener sus intereses a salvo, no solo en el campo, a modo individual, cosa que hace mucho y bien, si no también a nivel colectivo.
Ronaldo, es consciente que para que sus éxitos den sus resultados en €uros, tiene la necesidad de poseer un gran equipo a su lado. Por lo tanto, vivir a distancias tan largas de la cúspide, u opositar a tener un año a cero en títulos crispa su ego hasta el punto del menosprecio de quienes son sus compañeros y la necesidad de buscar culpables en alguien que no sea él.

Y no ha sido la primera oportunidad  en la que el “7” se deje caer a la hora de mostrar sus molestias. Un tipo que estuvo triste, que se siente envidiado por su dinero y por ser guapo y que ha sido perseguido por la prensa por ser quien es… Alguien que se esconde en sus maravillas a modo de números cuando va bien la vida o se bate a tropezones verbales cuando no termina la fiesta como pronosticara.
Es  Cristiano Ronaldo, para bien y sobre todo para mal.

Alguien que con una gran calidad, emboscado en su complejo por el diez del barsa, ese al que no termina de comerle terreno.

No hay otra manera de saber de la ruptura de dinastía en los duelos madrileños que la reacción de Cristiano. Enojado con todo, incluso vio el fantasma de la superioridad en un partido que nunca le perteneciera, ni a el ni a su equipo. Porque en realidad fue el planteamiento y la seriedad colchonera el culpable de la derrota blanca, la misma que se ha instalado en ese tipo de partidos.
Cristiano debe buscar solución a su prepotencia terminando con la impotencia, empezando por reconocer que su equipo aun no sabe a que juega y que trabaja en un club inmerso un tobogán de decisiones en las que su boca cerrada solo puede ayudar.

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